miércoles, 3 de junio de 2009

Deshaciendo la dicotomía ciencia-religión. Budismo y ciencia moderna (Parte 2)

La sabiduría es el centro de la cuestión. Existen muchos tipos de sabiduría,pero la única sabiduría que nos sirve realmente es la “sabiduría que comprende y realiza la vacuidad de todos los fenómenos” Lamento no poder hablar muy en profundidad de todo esto.

El camino sería entonces,alcanzar a comprender la naturaleza última de todos los fenómenos de manera directa y sin engaños de los sentidos y de los sinsentidos. No sólo comprenderla sino realizarla.
Para prepararse con el objetivo de ser buenos recipientes para esta especial sabiduría, los monjes del monasterio estudian, sobre todo, dialéctica desde que son muy jovenes. Con apenas 14 años estudian complejos tratados cargados de definiciones que pondrán a prueba durante unas 5 horas cada día en debates colectivos donde son examinados a diario. La razón de todo esto es, como ya expuse, preparar su capcidad argumentativa y no encontrar escollos en el uso del lenguaje. El programa empieza con KATOKARMA, donde se empiezan a conocer la reglas del debate estableciendo las definiciones de lo conocible y lo razonable. Se comienza con los colores raiz y los secundarios y con las formas. Al principio todo es un juego donde la capacidad para manejar y conocer las definiciones marca la diferencia entre el vencedor y el vencido. Se producen debates muy intensos, intentando hacer llegar al contrario a una contradicción.

Los temas avanzan a medida que el estudiante mejora en el manejo y comprensión de las definiciones. Según avanzamos a través del programa de estudios, se va profundizando en nuestra CEBOLLA-REALIDAD a niveles más y más sutiles. Este intercambio de silogismos entre estudiantes es compartido metodológicamente con los planteamientos clásicos de los fundamentos de nuestra ciencia. Comparten en lo global y teleológico, pero no en lo particular. En el global comparte la duda, pero en lo particular difieren.

En la duda cartesiana, por ejemplo, se establece que nada puede ser aceptado sin demostración racional o evidencia. Esto, a su vez, es una premisa que configura las bases de su propio método, un axioma, las reglas del juego. En el sistema formal de la dialéctica budista ese axioma o regla indemostrable, puede surgir de la experiencia en katokarma. La estrategia de Descartes recomienda descomponer cada problema en sus partes más pequeñas posibles, y esto desde el punto de vista de la lógica budista no sería suficiente, puesto que es la propia mente la que imputa etiquetas a la realidad considerándola como “autoexistente”, tanto en el Todo como en las partes de ese Todo. Sería como confiar en algo sistémicamente engañoso. Formalmente, la división en partes tiende irremediablemente hacia el infinito.

Siendo la mente la que imputa ese conocimiento de la realidad, se justifica la necesidad de continuar con otro gran bloque de estudio y debate, LORIG, en el que se estudia y analiza la propia CONSCIENCIA y CONOCIMIENTO identificando los tipos de mentes, estados de conciencia, sus funciones e interrelaciones. A este gran bloque le seguirán años de estudio de otros como THARIG (Lógica formal), TSEMA NAMDREL (Cognición válida)...

Desde el punto de vista de la ciencia moderna el saber se administra en función de demostraciones que guardan cierta certeza estádística. La modelización de la resolución de un problema concreto se plantea mediante hipótesis. Desde este punto de vista definitorio, podemos deducir que la materia con la que construimos nuestras Ciencias Empíricas (Física, Química, Biología...) son indudablemente las Ciencias Formales (Lógica y Matemáticas). Resulta relativamente sencillo establecer multitud de paralelismos entre esas ciencias formales con la dialéctica budista donde, en vez de la “Teoría General de los Números” tenemos axiomas humanos aceptando determinados síntomas de nuestra existencia como el suefrimiento o el deseo.

Esta concepción de caminos complementarios para exlicar la realidad se puede concretar en la figura representada por dos líneas que, a medida que profundizamos, tienden a chocar llevando direcciones contrarias. Mientras que en el punto en el que nos deshacemos de los conceptos a priori y desglosamos nuestro saber sobre ellas, ambas líneas se curvan simétricamente paratomar la misma dirección y resultar en dos lineas rectas paralelas que nunca se tocarán, pero comparten magnitud y dirección. Esta dirección es la realidad tal cual es, sin etiquetas. Ambas rectas responden a preguntas distintas destinados a un mismo fin.


En un plano más público en cuanto a divulgación, se está produciendo una aproximación gradual de la neurociencia a los postulados más prácticos del budismo. Caben señalar algunos descubrimientos de Marcus Raichle como la "Red por defecto", que sería un entramado neuronal con una enorme actividad cuando vaciamos la mente de conceptos (práctica de la calma mental o SHINÉ) localizado en el hipocampo y el prefrontal. Postuló que cuando estamos concentrados en un trabajo, el entramado cortical presenta una menor energía que cuando no focalizamos la mente (relacionándonos con nuestros recuerdos y planes futuros). Implica que cuando nos relacionamos con el mundo, la mayoría de la información proviene del interior, y los recuerdos del pasado y los planes futuro requieren gran trabajo cerebral. Menos del 10% de la actividad cerebral proviene del la percepción del mundo. El cerebro humano se centraría, sobretodo en "imaginar" y crear sistemas formales deterministas sobre el futuro. En una reciente entrevista dijo "El cerebro usa pocos datos, los combina con su modelo del mundo y con sus espectativas y crea una predicción de lo que vemos"


En esencia la ciencia y la espiritualidad, aunque diferentes en sus enfoques, comparten el mismo fin, que es el mejoramiento de la humanidad. Cuando la ciencia lo hace bien está motivada por una búsqueda de entendimiento que nos ayuda a alcanzar una mayor felicidad y enaltecimiento. En lenguaje budista esta clase de ciencia puede ser descrita como sabiduría basada y temperada por la compasión. Similarmente la espiritualidad es una exploración humana de nuestros recursos internos, con el fin de comprender quiénes somos en el más profundo sentido, y descubrir cómo vivir de acuerdo con esta idea en su más alta posibilidad. Esto también es la unión de sabiduría y compasión”.

S.S. El XIV Dalai Lama


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