viernes, 1 de mayo de 2009

El palo-señor

1 de Junio de 2008. Recepción del J.K. Regency. Sucede algo que me apetece recordar.


Es un señor muy grandote y muy flaco que contrasta con el resto de la estampa. Si cambio el foco de mi ojo veo los suburbios de Bombay enseñándome algo que siempre me acompañaría en el país, su miseria. Pero sinestésicamente, como si el ruido de los coches y la gente gritando me impidiera verlo bien. Lleva puesto el uniforme del hotel, con perdón de los uniformes y de los hoteles. El tipo en cuestión viste un pantalón verdoso militar con ralla diplomática y con unos manchónes de fritanga también de diplomático, (ahora que me perdonen las manchas). El cinturón que lleva este sujeto hace el efecto riñonera-hortera al contraste de su delgadez. Es una enorme chapa de metal con un escudo que debe ser militar, porque no recuerdo cinturones de moteros-rockeros con cosas así. La camisa completamente verde no queda exenta de los manchotes “diplomáticos”. Coronando el palo-señor había un gorro hibrido entre botones y “oficial y caballero”. Como lo veo desde abajo me resulta cómodo ver el perfecto mostachillo bajo el palio de su viserita. Es un contraste feroz que no me deja pensar en otra cosa que no sea lo coqueto que es el palo-señor.


Cada vez que bajo me sonríe muy amable, y aquí viene lo vistoso, levanta la mano como un resorte y la coloca a la altura de la viserilla. Con el recorrido que la mano tenía que hacer, podéis imaginaros que el momento da escalofríos. Ahí no acaba el display castrejo del palo-señor. Cuando la mano llega arriba rápido como un rayo se oye un clak desde el suelo que te obliga a ver que es lo que pasa. Parecía increible, pero si. Estaba juntando los talones marcialmente y con pleitesía. La operación se repite cada vez que me veo en el recibidor.

En fin, la sensación fue desoladora. Este pobre señor ha sido dramáticamente improntado por la instrucción inglesa. Hasta el punto de despojarlo de ser “un indio”. Miento, conserva ese titánico y lustroso bigote que sólo en la India se luce con dignidad.


Intenté varias veces salir a dar una vuelta, pero los recepcionistas me disuadían. Me decían que era peligroso, sin querer dar ningún motivo más. Intenté driblarlos un par de veces, pero allí estaba el palo-señor para medio aconsejarme medio obligarme a quedarme en el hotel. Hasta que me fui al día siguiente al aeropuerto no pude salir de allí. La explicación que le doy a este comportamiento extraño es que sientan vergüenza de la miseria. Pero, estamos bobos o que…! ¿No tendría que sentirla yo? Es que a lo mejor se trata de un grado de cortesía tan elevado que me intentan evitar la incomodidad de sentirme culpable, o por lo menos cómplice.